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El contenido de la obra es muy variado, teniendo un denominador común: la luz en todas sus variantes y el color. Desde el paisaje urbano, con cielos que eclipsan la arquitectura de las grandes ciudades, hasta los temas más intimistas, todos ellos pretenden llevar al espectador más allá de la simple forma.
Una obra muerta es la que no comunica y no dice nada, como un cadáver, algo frío y sin alma, entonces, ¿cómo saber apreciar una obra con alma y diferenciarla de la que no la tiene? Se resume simplemente en tener interés, sin pretender aparentar o ansiar un conocimiento, sin necesidad de realizar esfuerzos intelectuales para entender el lenguaje del corazón, simplemente observar el arte, asi una persona sincera sabrá ver una obra con vida. El pintor tiene la misma responsabilidad, pues no debe ambicionar nada en concreto, simplemente dejar que fluya el arte encontrando la inspiración en el trabajo para comunicar y plasmar la esencia artística, de modo que otros la puedan disfrutar en forma de emoción
“La pintura es una poesía muda y la poesía una pintura ciega” Leonardo da Vinci.
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